
MANUEL AGUILAR GUERRERO
Escribir algo de Manolo es un atrevimiento puesto que su nombre lo dice prácticamente todo en la historia de esta cuadrilla, pues es referencia obligada al hablar de la misma. Entró en 1979, por su relación con el capataz a través del futbol. A partir de ahí, y sin pretenderlo se convierte en uno de los personajes legendarios de la cuadrilla. Podíamos considerarlo uno de los más importantes ideólogos, aunque quizás su magnitud haya ganado enteros, precisamente cuando dejó de ir debajo. Manolo es el mayor de los hermanos Aguilar. Es vehemente a la vez que sosegado, es raudo, listo como él solo, y su memoria guarda con escrupulosidad algunos momentos de gran transcendencia para la historia de la cuadrilla y por extensión de la Hermandad, no obstante les tocó vivirlos en primera persona.Personalmente confieso, que aunque más de una vez he acabado discutiendo con él, es de los que me agrada enormemente encontrármelo por el barrio y conversar con él, porque es toda una aventura conocer sus intenciones.
Debajo del paso dejó una huella imborrable, a su capacidad física, unía un arte para mantener buen ambiente debajo del paso del que pocos hacían gala en su época. Para la historia dejar constancia que cuando todos los costales eran blancos, él lo llevaba azul marino y no por pinturerismo, sino por economía, se lo había hecho con una tela que había en la capilla para limpiar.
Curtido en mil batallas, se cuentan miles de anécdotas de él, desde episodios de piromanía cofrade, hasta comerse una bolsa de patatas debajo de un paso, pasando por reuniones conspiratorias. Lleva algunos años que va por fuera, este año en concreto llevaba la bacalá de la Hermandad, pero por muy lejos que se vaya siempre permanecerá su presencia bajo las trabajadoras de nuestros pasos.








